A las cinco de la tarde ya es de noche, tu perro es marrón y su prado favorito no tiene farolas. Bienvenido al invierno. Así os verán a los dos sin que la cosa se vuelva ridícula.
El principio: se reconoce el movimiento, no la superficie
Los conductores reconocen las bandas reflectantes en unas patas que se mueven mucho antes que una superficie reflectante en el lomo. Por eso: los reflectantes van donde hay movimiento. En el perro, en el arnés y en la correa; en ti, en los zapatos o en las perneras del pantalón.
El orden que tiene sentido
- Elementos reflectantes en el arnés o en el abrigo. Pasivos, siempre puestos, sin pilas que se agoten. La base.
- Una lucecita en el arnés. No como foco, sino para que encuentres a tu propio perro en el prado.
- Los colores claros ganan a los oscuros. Un abrigo verde oliva es bonito, pero en la penumbra de noviembre es una capa de invisibilidad.
¿Y tú?
La frase más honesta de este artículo: normalmente el perro va mejor equipado que la persona que está al otro extremo de la correa. Una correa reflectante resuelve los dos problemas a la vez.
Los modelos reflectantes los encuentras en los arneses y correas y en los abrigos.